Senegal

1 min Conozca más sobre el desempeño de Senegal con respecto a la igualdad de género desde 2015.

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Progreso

Puntaje del índice en 2020: 55,2

Puntaje del índice en 2015: 50,4

Estado: “Progreso rápido” desde 2015 y puntaje general “muy bajo”

Clasificación mundial en 2020: 113.o de 144 países

Clasificación regional en 2020: 10.o de 36 países en África Subsahariana

Los puntajes de Senegal en el Índice de Género de los ODS de 2022 ofrecen un panorama mixto en términos de igualdad de género. A pesar de tener un puntaje general de 55,2, considerado “muy bajo”, la mejora de casi 5 puntos indica un “progreso rápido” desde 2015.

Senegal obtuvo sus mejores puntajes en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6 del agua, el ODS 11 de ciudades sostenibles, el ODS 8 de trabajo y el ODS 2 de nutrición. El progreso fue impulsado por un avance en los indicadores sobre acceso al agua potable (6.1), niveles de emisiones de CO2 (11.2) y desnutrición (2.1). Senegal también ha superado el promedio regional de dos de los indicadores del ODS 17 de alianzas, a saber: transparencia en los presupuestos nacionales (17.3) y cobertura de estadísticas desagregadas (17.4).

El país también ha logrado una mejora considerable en su puntaje del ODS 8 de trabajo, que ha aumentado de 54 puntos en 2015 a 65 en 2020. Este “progreso rápido” fue impulsado por los sólidos puntajes de 2020 sobre igualdad salarial (indicador 8.1), mujeres en trabajos vulnerables (indicador 8.2) y derechos de negociación colectiva (indicador 8.3). Sin embargo, el puntaje general de Senegal para el ODS 8 sigue siendo “bajo”, debido al desempeño “muy bajo” en relación con las leyes sobre la igualdad laboral (indicador 8.4) y mujeres con acceso a cuentas bancarias (indicador 8.5).

En otros objetivos, se ha registrado un progreso variado. En términos del ODS 4 de educación, Senegal ha tenido un desempeño “muy bueno” en limitar la cantidad de niñas que exceden la edad indicada para la educación primaria (indicador 4.1), pero “muy bajo” en cuanto a la esperanza de vida escolar de las niñas (indicador 4.2) y a la proporción de mujeres con al menos parte de la educación secundaria (indicador 4.4). Esto indica que la inversión nacional en la educación primaria de las niñas no es sinónimo de mejores resultados para las niñas en etapas posteriores de la vida.

De manera similar, los avances en la representación política de las mujeres no generan automáticamente igualdad en el poder político. La proporción de mujeres en el Parlamento (indicador 5.4), que suele ser elogiada como estudio de caso sobre cuotas, obtuvo en 2020 86 puntos, “bueno”, (es decir que las mujeres representaron el 43% del Parlamento). Senegal obtuvo tan solo 44 puntos, “muy bajo”, en cantidad de mujeres en cargos ministeriales (indicador 5.5) en 2020.

Important message

El progreso rápido hacia la igualdad de género no ha sido suficiente para elevar el puntaje general de Senegal por encima de muy pobre.

Senegal obtuvo 55,2 puntos en el Índice de Género de los ODS de 2022. Esto indica que, a pesar de haber mejorado casi cinco puntos desde 2015, el país de todos modos registró un desempeño “muy bajo” en cuanto a igualdad de género en 2020.

El gobierno de Senegal ha demostrado su voluntad política incondicional de integrar las cuestiones de género a la acción pública. Ha habido un reconocimiento constitucional del principio de igualdad de género, además de la ratificación de convenios de protección de los derechos de las mujeres y directrices del gobierno en favor de tomar en cuenta la dimensión de género.

Sin embargo, a pesar de la creación de unidades de promoción de género en los diversos ministerios, una revisión de la Estrategia Nacional sobre Igualdad y Equidad de Género, y la Dirección de Equidad e Igualdad de Género, las intervenciones de los ministerios aún siguen sin considerar los asuntos de género.

El gobierno ha dado pocos pasos concretos, o ninguno, para defender los derechos de las mujeres y las niñas a la seguridad. Y  los derechos fundamentales de las niñas y adolescentes están en riesgo en una cultura de banalización e impunidad.

Además de las diferencias en las condiciones de capacidad y aprendizaje, que siguen socavando la matriculación escolar, existen otras barreras que impiden que las niñas continúen su educación. Por ejemplo, sigue habiendo embarazos no planeados —especialmente en matrimonios infantiles—, a pesar de que se han establecido pautas para la educación de madres jóvenes. En efecto, muchas madres jóvenes abandonan la escuela y no siempre tienen acceso a programas de alfabetización y capacitación de aptitudes que se adapten a sus circunstancias. A su vez, la falta de capacitación, particularmente en zonas rurales, hace que las madres jóvenes accedan solo a trabajos inestables y de bajos ingresos.

Algunas niñas pierden días de clase debido a la falta de instalaciones sanitarias adecuadas o acceso a productos sanitarios. Los movimientos juveniles han planteado esta injusticia, pero las autoridades no toman medidas concretas. Además, algunos estudios indican que la violencia contra las niñas, incluida la violencia sexual, se produce en el ámbito escolar.

Dado que el personal docente carece de concientización sobre estos problemas, no poseen las aptitudes y los conocimientos para intervenir. El ámbito escolar aún no es lo suficientemente seguro ni está adaptado a las necesidades de las niñas, y mucho menos a las necesidades de las niñas con discapacidad y las madres jóvenes, como para fomentar una educación inclusiva.

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